Deforestación, agricultura y biodiversidad

La expansión e intensificación de la agricultura durante los últimos 50 años no registra precedentes en la historia de la humanidad. Entre 1960 y 2000 la población mundial se duplicó hasta alcanzar los 6.000 millones de habitantes, al tiempo que la economía global crecía seis veces; paralelamente, la demanda de alimentos y de servicios ecosistémicos aumentó en forma significativa. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés; 2001) la producción de alimentos casi se duplicó en ese período.
Parte de este incremento puede atribuirse a un aumento de alrededor del 12 % en la superficie cultivada, aunque no puede soslayarse el efecto de la “Revolución Verde” (cultivares de alto rendimiento, fertilizantes y pesticidas químicos, mecanización e irrigación), lo que implicó para el mismo lapso un incremento global del 700 % en el uso de fertilizantes y del 70 % en la superficie de cultivos bajo riego. Como consecuencia de ello, el rendimiento por unidad de área creció un 106% durante ese lapso.


Aún cuando la agricultura moderna ha logrado incrementar la producción de alimentos y fibras, al tiempo que aumentaba su demanda, los cambios en el uso de la tierra han desencadenado problemas ambientales a diferentes escalas, constituyendo la manifestación más evidente de la actividad humana sobre la biosfera. Tales transformaciones del territorio han ocasionado la pérdida de hábitats y biodiversidad, la alteración de la estructura y funcionamiento de los ecosistemas y la disminución de su capacidad para sostener la provisión de servicios (regulación del clima, producción de oxígeno, mantenimiento de la calidad del aire y del agua, desarrollo de los suelos, reciclado de productos de desecho) y recursos vitales (alimento, fibras, agua dulce, productos forestales).


Actualmente, cerca del 40% de la superficie libre de hielos del planeta está bajo agricultura, en tierras anteriormente cubiertas por bosques, sabanas y pastizales naturales. Tan sólo el reemplazo de bosques tropicales por cultivos sería responsable de hasta un 26% del total de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, al tiempo que contamos con evidencias suficientes del efecto de tales emisiones sobre el clima regional y global (por ejemplo el aumento de las temperaturas promedio en el planeta). Mientras tanto, la destrucción de hábitats naturales para producir alimentos u otros productos agrícolas destinados al consumo humano o animal (tal el caso de los afamados commodities), representa la más severa y extendida amenaza a la biodiversidad global (Millennium Ecosystem Assessmenmt 2003).

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